Publicaciones del Presidente Regional

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Prólogo del Libro - HISTORIA DE HUANCAVELICA
 


 
Es para mí un gran honor escribir este breve prólogo para la monumental obra de Federico Salas Guevara. El autor, en la primera parte del libro, se remonta a la Historia Geológica de Huancavelica y describe la Fisiografía del Departamento.
En la segunda parte describe en detalle la Historia del Departamento: desde el origen del habitante huancavelicano hasta nuestros días, describiendo con gran detalle y prolijidad las épocas de La Conquista, El Virreinato y La República.
De la lectura de esta obra uno puede concluir que la historia del Departamento y, en particular, de la ciudad de Huancavelica está estrechamente ligada a la historia de su minería. En efecto, en los primeros años del Virreinato llega a conocimiento de Amador de Cabrera la existencia del yacimiento de cinabrio, un sulfuro de mercurio que los indígenas usaban como colorante.
Sin embargo, fueron Don Pedro de Contreras y Enrique Garcés, quienes “andaban atareados en la búsqueda de azogue (mercurio)”, los que en realidad dieron a Huancavelica la importancia  que llegaría a tener en los siglos XVI, XVII y XVIII, al descubrir que el cinabrio contenía alta ley de mercurio y que este metal podía usarse para la recuperación de la plata. En esa época también se descubrió Potosí, gran yacimiento que demandaba el mercurio para el tratamiento de sus minerales argentíferos.
Amador de Cabrera, como descubridor, inició la explotación de este recurso, pero no pasaron muchos años para que tanto la corona española, instigada, posiblemente, por intereses particulares, procediera a desplazar a Amador de Cabrera a quien relegaron a una pequeña parte del yacimiento.
Aparecieron, entonces, una serie de personajes como don Juna de Sotomayor y Mosquera, quienes participaron activamente en la explotación del yacimiento.
El autor hace reseña detalla de lo que sucede en Huancavelica en los siglos XVI, XVII y XVIII. En 1786 (el 25 de setiembre) se produjo el derrumbamiento más grande que arruino una gran extensión de la mina, comenzando por los portales de brocal, calles y galerías antiguas hasta la punta de “Nombre de Dios” – Nótese que esto sucedía en las postrimerías del siglo XVIII y a menos de 50 años de la independencia del Perú. Por esta razón, personalmente, considero poco probable que la explotación del yacimiento recuperarse, durante el Virreinato, su antigua vigorosidad.
En el siglo XIX se logró la independencia, sucedida por un período de tremenda anarquía política. Como consecuencia, para todos los efectos prácticos, resultó siendo un siglo muerto para la minería en el Perú y Bolivia. El autor describe con lujo de detalle los avatares de esa época.
Conviene señalar, sin embargo, que a la vez que se reconocía la importancia de Huancavelica por la existencia de mercurio en su sub subsuelo también se descubrirían minas de plata, entre las cuales destacan la riquísima veta de Quispisiza, en Castrovirreyna, las de Julcani, en Angaráes y las de Atunsulla, cerca de Huamanga, que en aquel tiempo pertenecía a una misma “encomienda”.
En el siglo XX, D. Agustín Arias Cariacedo, ciudadano español y empeñoso minero, descubrió el filón de Rublo en Huachocolpa pero por esos altibajos que a menudo acosan a los mineros las consecuencias que cubrían este filón caducaron. Posteriormente, Antonio Obradovich, otro minero impenitente, se interesó en estas consecuencias mineras e inicio una operación que, si bien podemos calificar de artesanal, resulto altamente rentable. Al fallecer Antonio, en la ciudad de Huancavelica a finales de la década  de 190, su hermano Mateo heredó las concesiones mineras y continuó la explotación de este yacimiento siempre en forma artesanal.
La apertura del Rublo atrajo a la zona a mineros como Jesús José Salazar y Víctor Hospina, quienes trabajaron con éxito las minas de Pepito y Consuelo, respectivamente. Don Eduardo Risco, Ricardo Revett Montero y Víctor Freundt Rosell, junto con la familia López, constituyeron la Cia. Minera Caudalosa S.A. para operar la mina conocida con el nombre de “Caudalosa Chica”, pues en Castrovirreyna cerca de Quispisiza, ya existía otra veta conocida con el nombre de “Caudalosa Grande”.
Debemos reconocer, sin embargo, que fue la labor del Banco Minero del Perú, bajo la presidencia de su director, Ing. Edgardo Portaro, la entidad que más contribuyo al desarrollo de la región  de Huachocolpa, al ser quien decidió instalar en un punto equidistante de Rublo, Pepito y Caudalosa Chica y a no gran distancia de la mina Consuelo de D. Víctor Hospina, una planta concentradora para separar de un lado el plomo y la plata y de otro, el zinc.
Fue así como se desarrolló todo un distrito minero donde se explotaban las minas de Recuperada y Blenda Rubia y Teresita, asimismo se inició la explotación de la mina Asia del Dr. Luis Vallinas. También se exploró Tinquicorral y la mina llamada “Rublo Chico”.
En algún momento dentro de este proceso, el Sr. Víctor Kravtchencko, un ex diplomático ruso, quien, luego de escaparse de la embajada rusa en Washington escribió el libro Yo escogí la Libertad (I chose freedom), exploró con éxito la mina Tangana, la cual fue posteriormente adquirida por el Grupo Rosenshine que producía minerales polimetálicos que eran tratados en una planta gravimétrica para luego ser enviados a la planta del Banco Minero.
Mucho es lo que podría comentar también sobre lo que relata el autor sobre la mina Cobriza y también sobre la mina Marta, pero dejaré que el lector descubra por sí solo la detallada y prolija descripción histórica de Federico Salas Guevara.
Tengo que presentar mis disculpas a los lectores de este prólogo por haberme extendido en los temas mineros, pero espero que sepan ustedes comprender que mi vocación de minero me lleva a estos excesos.
La obra de Federico Salas Guevara es quizás tan o más importante, porque además de resaltar los avatares de la industria minera de Huancavelica, contiene una relación estrecha entre la cronología de Huancavelica y los sucesos más saltantes del resto del país, lo que confirma la importancia de Huancavelica para el Perú, de lo cual los nacidos en esa agreste pero acogedora tierra deben estar orgullosos. Para aquellos, como el que escribe, no hemos nacido en esa generosa tierra pero que el destino nos ha llevado a participar de sus inquietudes, también es motivo de orgullo la historia que se describe con tanta minuciosidad.
No puedo terminar estas líneas sin destacar el enorme sentido humano que el autor ha dado a estas páginas al relatar, con lujo de detalle, el origen y comparación de las familias huancavelicanas. Me atrevería a decir que estas páginas contienen una verdadera genealogía Huancavelicana.
Felicito con todo afecto a Federico Salas Guevara por esta monumental, valiosa y, sobre todo, humana descripción de la historia de Huancavelica.
Alberto Benavides de la Quintana
Lima, 24 de abril de 2008
 

 

 

 

 

 

 

Actualizado ( Sábado, 15 de Agosto de 2009 19:04 )